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Por: Alex Arancibia, coordinador de Fútbol Más en la región de Atacama, publicada en el Diario de Atacama.
Hablar de lluvias en Atacama no solo es hablar de fenómenos meteorológicos. También significa hablar de recuerdos, pérdidas e incertidumbres. Los aluviones de 2015 y 2017 permanecen en nuestra memoria colectiva, mientras que las emergencias vividas durante 2026 nos recordaron nuestra vulnerabilidad frente a estos fenómenos. Esta realidad también nos obliga a plantearnos ¿cómo estamos abordando las emergencias con nuestros niños, niñas y jóvenes?
Ellos son el grupo más vulnerables frente a estos desastres. La pérdida temporal de una vivienda, la suspensión de clases o la imposibilidad de utilizar una cancha pueden alterar profundamente su cotidianidad y genera consecuencias para su salud mental. Por eso, la reconstrucción va más allá de la recuperación de infraestructura, también implica reconstruir vínculos, rutinas y espacios seguros. En este proceso, el juego y el deporte pueden cumplir un rol relevante.


Una de las comunas más afectadas fue Diego de Almagro, donde Fútbol Más hace dos años interviene con el apoyo de Gold Fields y el municipio. Allí desarrollamos intervenciones sociodeportivas en los barrios La Antena y Rafael Torreblanca, programas que están orientados en fortalecer habilidades para la vida y generar espacios seguros para las niñeces.
Con la reciente emergencia pensamos que sería difícil retomar las sesiones, pero estábamos equivocados. Los niños y niñas ansiaban reencontrarse con sus amigos, volver a jugar y hacer deporte. Querían recuperar una parte de esa cotidianidad que fue interrumpida por la incertidumbre y la emergencia.

Esta experiencia, sencilla pero profundamente significativa, nos recuerda que los procesos de recuperación también deben ser observados desde los ojos de la niñez. Una cancha o una plaza no representan solamente infraestructura: son lugares de encuentro, pertenencia, confianza y seguridad.
Por eso, después de un aluvión no basta con reconstruir aquello que el agua se llevó. También debemos reconstruir aquello que no siempre podemos ver: la seguridad, los vínculos, la confianza y el derecho de cada niño y niña a volver a jugar, encontrarse y sentirse parte de su comunidad.
